martes, 26 de junio de 2012



 El diálogo versó sobre el tema de la segregación educativa. El país impactado por los últimos sucesos de discriminación y violencia criminal que terminaron con la vida de un joven adulto, y los hechos de discriminación y represión sobre el pueblo mapuche, situación que se reitera cada vez con mayor fuerza en los últimos años.

¿Es Chile un país segregado?

“La segregación no constituye una suma de actos aislados. Por el contrario, junto con ser parte de una situación general de segmentación y discriminación social, la segregación, desde un punto de vista intercultural, constituye un todo; en consecuencia, es un problema político, cultural, económico. Chile es un país dividido en castas, en clases sociales, cuyas brechas están encementadas por la cultura de la segregación, donde la discriminación constituye el discurso que la sustenta, justifica y la reproduce. Parte de los mitos nacionales es escuchar que no somos un país racista, para intentar decir que en este país no se discrimina.

En este contexto, el sistema educacional no es una excepción. Es parte del conjunto, y funciona con las mismas matrices de diferenciación, discriminación y segregación del sistema. Sólo que en este caso específico se acentúa porque el sistema educativo, en tanto cual, contribuye, él mismo, aporta de su propia cosecha, matrices de funcionamiento socioeducativas que son parte esencial de la maquinaria que produce y reproduce la segmentación y la segregación social. En primer lugar, porque, al igual que los otros componentes del sistema político-social y económico, no sólo reproduce la existencia de grupos: dominantes y dominados, sino, también, porque desde su propia idiosincrasia, en su funcionamiento interno, opera matrices y modelos, como he dicho, de diferenciación, segregación y por último de segmentación social. ¿A quién, sino a la escuela como institución, le debemos el reforzamiento de una sociedad escindida en personas y grupos sociales con distinto valor?, valor social, valor cultural, valor económico.

Nos indignamos, con razón, por algunos casos de discriminación extrema, sobre todo esta violencia de los grupos neonazis o de carabineros con los niños mapuches, pero debemos coincidir que ello no es ni más ni menos que la parte visible a través de los medios. Esos casos sólo son parte de una cadena infame, en un sistema de injusticia que se reproduce en todos los grupos sociales. Estos caso extremos, como el que afectó al joven Zamudio, profusamente difundido por la prensa, nos produce una gran indignación que, en el fondo, se utiliza como catarsis para que nos auto convenzamos de que somos tolerantes y no discriminadores.

Para qué decir que la dictadura nos heredó un país con los mayores índices de desigualdad, y que esta transición interminable post dictadura, se ha encargado de perfeccionar.

¿Qué rol juega la Escuela en esta situación?

Permítame, Luis, una licencia. Quiero ir un poco antes en su pregunta. Estoy hablando como pedagogo, de manera que opino desde un lugar de habla muy concreto. En este sentido, le digo que en la cultura educacional, la escuela, como institución, ha sido cargada por las tradiciones históricas de dos mitos. Son mitos (finalmente ideología) en torno a la escuela, considerada siempre como institución o construcción socio-histórica.

Algunas personas, invertirán mi punto de vista y dirán que lo que para efecto de esta conversación llamo mito, ellos lo llamarán utopía. Puesto en el lugar de desvestir la discriminación digo “mito”, puesto en una mirada redentora, digo, papel que aun la escuela no ha logrado alcanzar.

¿Cuáles son esos mitos? El primero, que proviene de la Ilustración (siglo XVIII), carga a la educación en general y a la escuela en particular, de una misión redentora. La educación produce luz que disipa la oscuridad de la ignorancia. De esa verdad depende romper con las cadenas del oscurantismo religioso, y de ella depende la grandeza de los pueblos.

El segundo mito que recae sobre la institución educativa y académica, es que desde la educación se puede transformar el mundo. Esta idea estuvo muy presente durante los años sesenta, en tiempos de reforma universitaria: Desde la universidad íbamos a cambiar el mundo.

Quiero referirme a lo que llamo el primer mito porque tiene más relación con el tema de esta conversación, la segregación educativa.

En relación al primer mito, esa idea de los enciclopedistas, -a partir de lo cual la ilustración ilumina y rompe las cadenas de la ignorancia-, ya durante el siglo XIX cambia por obra de las organizaciones y partidos de los trabajadores. Esa misión que la ilustración asigna a la educación cambia de orientación hacia la redención social. Legitima la idea de nuestros mayores que la escuela nos ayudaría en la emancipación social.

En mi modesta opinión, en esa idea se sustenta un verdadero credo de los padres de familia que dura hasta hoy y que no tiene atisbo de terminarse, y que es que yendo a la escuela es la única forma de llegar a ser más que los padres y que un día lleguen a vivir mejor que ellos.

En este último caso, sin ninguna duda, se puede atribuir a la escuela tanto progreso social como mejoramiento de la condición social y cultural de muchísima gente, qué duda cabe. A tal punto que esta cuestión ha sido el eje de las grandes disputas sociales y culturales. A este principio se debe la existencia de la educación pública, obligatoria y gratuita. En este valor, transformado en valor supremo, descansa la idea del estado docente, de una enseñanza laica. A esto se atribuye la escalera social, la escuela como la principal palanca de promoción social. Como que bastaría no caerse del carro educacional para llegar a un lugar donde se podrá disponer de aquello o de aquellos que se quedaron en el camino.

¿Entonces la escuela funciona como promotora social? 

Bueno, un mito para mantenerse debe sustentarse en sí mismo. Bastaría un caso en que ello sucediese para que se pudiera decir que, sí, que efectivamente, la escuela es el camino que permite a los que nada tienen tener algo.

Es el mismo principio que sustenta el mito de la “meritocracia”, la llamada democracia del mérito. Que supone que el más capaz, el más inteligente, accede, “por mérito”, síntesis del esfuerzo personal, prueba de una condición inteligente. Cuando en verdad el llamado mérito tiende a parecerse cada vez más al “error estadístico”.

Acá viene muy al caso que cite una idea que nos legó el Maestro Lautaro Videla Stefoni, recientemente fallecido, a quien aprovecho de rendirle homenaje. Y se me ocurre que es una buena oportunidad, también, para pedirle a las y los auditores, todas y todos escuchas inteligentes, que hiciéramos, a través de las ondas radiales, un pequeño ejercicio ayudados por nuestra imaginación. Vamos a probar que podemos construir y procesar imágenes sin ayuda de la pantalla de la televisión.

Mire, ¿cuál es la manera más frecuente que se usa para dibujar un sistema educacional?

¿…una pirámide?

…exactamente. La manera que se utiliza para representar el sistema educacional resulta ser una pirámide. Donde en la base estarían los que ingresan al sistema, que son, como todos sabemos mucho más numerosos, y a medida que vamos aumentando los años escolares el ancho de estos escalones, si los podemos llamar así, va disminuyendo y, por lo tanto, nuestra pirámide se hace más y más angosta, hasta terminar en un pequeño vértice. ¿Estamos de acuerdo? Si dibujamos el sistema educacional dibujaremos una pirámide de base ancha y, como toda pirámide o algo que se le parezca, con una estrecha punta, digamos arriba. Así se dibuja un sistema educativo de manera más frecuente.

Usted que nos escucha tiene razón, la base son los cientos de miles de niños que ingresan a la educación primaria o básica, en tanto que la parte alta son solamente una pequeña porción de personas que termina la educación secundaria. La idea que nos mostraba el Maestro Lautaro Videla, es que al lado de esa pirámide deberíamos dibujar otra, invertida, que debiera mostrar los “echados” del sistema, el “fracaso escolar”. De ese modo tendríamos, una al lado de la otra, dos pirámides, pero donde una tendría una ancha base allí donde la otra tiene su vértice, y viceversa, su ancha base, donde la primera pirámide tiene su punta. Una mostraría el número de estudiantes que están, que son parte del sistema educacional, y en la otra pirámide estarían representados, los que no están o dejaron de pertenecer al sistema educativo.

El Maestro Videla decía que si consideráramos al sistema educacional como una fábrica, lo que representa ese gráfico de dos pirámides invertidas, es que el sistema educacional NO PRODUCE GRADUADOS, toda vez que el número de graduados en relación a los que inician sus estudios es mínimo. Sin embargo, el número de quienes, por una u otra razón salieron o fueron echados del sistema es enorme. En esa lógica, simple, pero contundente, la conclusión es que el sistema educacional tiene como función PRODUCIR FRACASO EDUCACIONAL.

Imaginemos, queridas auditoras, que en lugar de una escuela, tenemos un sistema de salud. Donde en la ancha base de nuestra pirámide, está el ingreso de pacientes enfermos y por allá arriba los pacientes salidos sanos del sistema o salidos vivos. Nadie iría a un hospital cuando se enfermara porque sabría que sus posibilidades de salir sanos serían mínimas. De seguro nadie lo haría, los médicos estarían todos presos.

En el sistema educacional opera una ideología del fracaso escolar irracional. En muchos acápites se considera que una evaluación que produce fracaso es indicador de buena calidad pedagógica del sistema, “… ese profe es exigente”.

En conclusión, para cerrar el tema del primer mito, ¿de qué promoción social podría enorgullecerse el sistema educacional, si en su estructura y funcionamiento su principal capacidad se orienta a producir fracasos, más que graduados? El tema tiene sus aristas y complejidades, pero la matriz segregante y segmentadora no varía.

¿Lo mismo ocurre entonces en el sistema universitario, porque ahí tenemos que el número de estudiantes que se titula es mucho menor que los que logran terminar la educación secundaria, sin contar un tema adicional de la universidad de mercado que tiene que ver con el problema del financiamiento?

“Comencemos por la segregación que se produce en la universidad. Si revisamos cifras oficiales, no es difícil deducir que el sistema educativo chileno es un factor del fracaso educativo. Miremos los datos de los últimos censos en Chile y encontraremos que en año 1958, de 100 alumnos que ingresaban a la educación básica, 2 ingresaban a la universidad. De ellos, el 85 % no terminaba sus estudios y de los que terminaban, el 80% pertenecía a los sectores más ricos”.

“En el censo de 1992, por cada 100 alumnos, cinco alcanzaban la universidad y en el último censo, el de 2002, de 100 alumnos que inician el 1º básico, 9 alumnos acceden a la universidad. De esos alumnos sólo el 25 % termina y, de estos, el 80 % pertenece a las clases más acomodadas.
Del censo de este año no creo que estas cifras vayan a cambiar sustancialmente; tal vez solamente veamos pequeñas variaciones.
Conclusión: La educación excluye a los sectores populares”.
El sistema es pillo, no excluye por parejo, excluye por segmento social.

Nos queda poco tiempo, así que quiero aprovechar de consultarle sobre la segregación educativa y la segregación pedagógica

“Comencemos por lo primero, la segregación educativa: En la sala de clases el profesor genera conocimientos, valores, vínculos, pero en la sociedad no pueden contrarrestar todo un sistema excluyente. De ahí que cualquiera se limpie la boca con los profesores porque se les culpa directamente del fracaso escolar sin considerar ninguno de todos los elementos que hemos señalado. Para muchísimas personas, esos elementos que hemos señalado son invisibles por la televisión y todos los medios no los mencionan. Además, agreguemos que vivimos en una institucionalidad social, cultural, económica instalada por la dictadura y mantenida y corregida por los gobiernos posteriores y sus efectos son la progresiva privatización de la educación, donde la calidad ha sido reemplazada por la rentabilidad. Es una matriz que se repite; por otra parte, la educación municipal es el vertedero del proceso escolar discriminatorio del sistema privado, adonde van a parar no sólo los más pobres, sino que además los hijos de padres separados y de madres solteras, los de bajas notas y de otros sectores segregados”.

“Con respecto a la segregación pedagógica señalemos que hay colegios que eliminan a alumnos que tienen promedios de menos de 6,2. Otros, que piden que se trasladen a quienes no alcanzan el 5,5. También a los niños considerados “difíciles”… Y así se produce una cascada y todos ellos terminan en el sistema municipal”.

Por último, profesor, ¿se considera usted pesimista u optimista con relación al futuro de la educación chilena?

“Bueno, hay quienes postulamos una educación emancipadora para revertir el sistema discriminatorio, y ese modelo debe aplicarse con la participación de los profesores, obviamente, pero también de los padres y de la comunidad. La primera medida debe ser la participación de ellos en la dirección y gestión de la escuela y que los profesores dejen de ser “operarios” de una empresa que produce fracasos. Ese es el sentido que les da el neoliberalismo, pero no es el nuestro”.

“Por último, hay que incorporar en la educación los saberes que los alumnos traen desde sus hogares, de sus barrios, de sus comunidades y el profesor debe ser capaz de descubrirlos e incorporarlos a los suyos propios y compartirlos, a su vez, con todos sus alumnos. Un niño campesino, por ejemplo, sabe cuándo va a madurar la fruta, y en qué fecha va a parir una vaca. Tal vez, la niña de 15 años baile mejor la cueca que su profesora de música y hasta puede saber estilos de cuecas que la maestra no conoce. En síntesis, hay que incorporar en la educación los saberes de alumnos, de las comunidades y los saberes ancestrales como parte de una grande y verdadera reforma educacional”.

Al finalizar la entrevista, el doctor Moya se refirió también a la importancia que pueden tener las radios comunitarias para desarrollar y difundir las actividades de los habitantes de las comunas, las que, aunque no pueden tener fines de lucro, llenan un vacío que no cubren las radios comerciales.

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